Un desarrollador, alrededor de una docena de proyectos reales, construidos a la vista de todos y con una IA que escribe buena parte del código. Aquí anoto lo que pasó de verdad: las decisiones, los errores y lo que al final resultó importar. Sin humo y sin tono de gurú.
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Le puse un supervisor a mi IA. Construyó una burocracia.
Dos IAs, una construye y otra revisa, y a las dos se las premia por ser minuciosas. Tres meses después, revisar se había comido al trabajo. Lo que lo arregló fue una descripción del puesto.
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